lunes, 10 de mayo de 2010

Nosotros apostamos al 3 rosa


En UPyD se puede presumir de tener como lider al político mejor valorado en las encuestas de nuestro país. Sin embargo, está demostrado que eso no es suficiente para gobernar. Hoy en día se necesita el aparato, ser un grande, con medios informativos, financiaciones ilegales, funcionarios y técnicos agradecidos, etc.





Para bien o para mal, con nada de ésto cuenta este partido, formado por un grupo de "quijotes" que estamos dispuestos a sacrificar parte de nuestro tiempo libre, para mejorar España. No somos políticos profesionales, sino profesionales en política, asumiendo un papel de terceros, ajenos al poder general para hacer y deshacer negocios o prestar algún servicio, que es el contrato social de mandato que llamamos democracia y que legitima a nuestros mandatarios. ¿Mandatarios? Suena bien, verdad. ¿Olvidastes que tú no eres un mandado como te han hecho creer?...Eres el mandante, es decir, el que manda, y además debes cumplir con todas las obligaciones que el ZP de turno haya contraído en tu nombre.

El que manda, no lo olvides. Y debes mandar en tu pequeña parcela cada día, no cada 4 años. Ya sabemos que los aparatos no cuentan contigo. Eres un número. Matemáticas, pero piensa que puedes dejar de ser contado y contar. Puedes hasta tener nombre propio. Probablemente no quieras, lo que es una opción comprensible, pero si es así, al menos no olvides que eres libre para revocar el mandato, y que nadie tiene por qué saber el sentido de tu voto. Si a pesar de todo, decides votar, que no es poco, hazlo, pero te animamos a que lo hagas convencido.

El sentido del voto es tuyo, pero si decides votar al partido que defendemos, hazlo con ganas, con ilusión, con miras al futuro y sin lastres con el pasado bélico de tus apellidos paternos y maternos. Sin complejos. Que tu voto entre con fuerza en la urna. Sólo así, se sabrá que has apostado al 3 rosa.

jueves, 6 de mayo de 2010

UPyD no suscribirá la propuesta del pacto educativo porque lo considera "decepcionante"

UPyD no suscribirá el pacto educativo promovido por el ministro Ángel Gabilondo, al entender que la última propuesta que éste puso sobre la mesa es "decepcionante", puesto que no plantea la recuperación de las competencias educativas por el Estado ni incluye un plan para mejorar el sistema público. La portavoz de UPyD, Rosa Díez, ha enviado una carta a Gabilondo en la que le anuncia que no suscribirá el documento final para el acuerdo en la reunión de este jueves, en la que los partidos tienen que decidir si aceptan o no el pacto.


La carta:

    

miércoles, 5 de mayo de 2010

¿Cuándo saldrá a la calle la tercera España?

Rosa Díez, El Mundo


Portavoz de UPyD



4 de mayo de 2010



Los españoles estamos viviendo tiempos difíciles. Y no sólo por las caras y nombres que se ocultan detrás de las cifras de millones de parados, por el hecho dramático de que un millón largo de nuestros conciudadanos lleve más de un año en paro, o porque en casi dos millones de hogares españoles ninguno de sus miembros tenga un puesto de trabajo. Todo ello es la expresión del drama por el que atraviesa España; es la fiebre que alerta dolorosa y ascendentemente sobre la enfermedad. Nuestro país está política e institucionalmente enfermo; gravemente enfermo. Tanto que ya no hay analgésico capaz de quitarle el dolor.

Mientras que cada día escuchamos abundantes reflexiones sobre la urgencia de impulsar profundas reformas de nuestro modelo productivo y laboral, son aún tímidas las voces que señalan el diagnóstico sin enredarse en los síntomas. No es por ignorancia; los poderes políticos, mediáticos y económicos del país saben que se está combatiendo el cáncer con analgésicos; pero siguen discutiendo sobre las dosis e incluso la oportunidad de pasar a la morfina porque son incapaces de liderar el cambio de modelo institucional. Entre otras cosas porque temen que éste se les pueda llevar por delante. Y es que las instituciones que fueron imprescindibles para la Transición no sirven para regenerar la democracia ni para dar respuesta a los problemas de la sociedad española del siglo XXI

Ha llegado la hora de que nos atrevamos a decir que la situación en la que se encuentra nuestro país no se arregla sólo con medidas económicas: no hay solución a la crisis económica y de modelo productivo si no abordamos la reforma del modelo de Estado. En España ha llegado hora de que alguien se atreva a proclamar, parafraseando a Clinton: «¡Es la política, estúpidos!».

El actual modelo económico y político de España es insostenible. En lo económico sólo puede durar mientras sea posible seguir endeudándose. En lo político está a punto de convertirse en inviable. Pero aún tenemos la oportunidad de tomar la iniciativa de reformarlo, antes de que tengamos que hacerlo obligados por las circunstancias, en el peor de los escenarios, arrastrados por la crisis social y política y sin ninguna autonomía para decidir. Y para ellos es necesario promover un conjunto de reformas estratégicas capaces de renovar la democracia, superando el estancamiento político al que ha llegado tras agotarse el impulso originario de la Transición.

Para la inmensa mayoría de ciudadanos, España es algo más que la suma de 17 Comunidades y dos Ciudades Autónomas. Sabemos que la unidad de la Nación española tiene un objetivo democrático que va más allá de lo sentimental: es el principal instrumento para defender la igualdad y la libertad de todos los españoles. Eso exige la cohesión institucional y simbólica del Estado encargado de definir y garantizar los derechos concretos de los ciudadanos. Nosotros no queremos un Estado de Derecho uniforme ni mucho menos uniformado, pero si unitario y descentralizado. El fetichismo de la diferencia a ultranza nos parece una solemne majadería política de la que viven unos cuantos iluminados y numerosos mangantes de la política local. Y a la que desgraciadamente se están sumando los partidos nacionales, ajenos a su propia historia o cargados de complejos y de hipotecas. Estamos por la España plural de los ciudadanos iguales y distintos; pero no por la España asimétrica de los territorios enfrentados, radicalmente contraria al principio democrático de igualdad.

Defender la Constitución es para nosotros defender sus valores y principios como elementos básicos e imprescindibles para garantizar la estabilidad democrática, la igualdad y el progreso. Precisamente por eso sostenemos que, después de tres décadas de historia y del devenir político al que hemos asistido, el texto constitucional necesita ser revisado para que pueda seguir cumpliendo la misión de garantizar esos derechos fundamentales que no son negociables: la libertad individual y la igualdad jurídica. Y en la defensa de estos principios y valores podemos encontrarnos la inmensa mayoría de los españoles.


Defender los principios constitucionales es también combatir la mentira y el intento de descalificación de nuestra historia y de las instituciones democráticas. Asistimos en las últimas semanas a un recrudecido y peligroso empeño de reescribir y falsificar lo mejor de nuestra historia más reciente y en el que parecen coincidir muchos de los dirigentes sociales y políticos de la llamada izquierda española. En otro país que no fuese el nuestro, tan mermado de cuajo democrático, este intento de deslegitimación de nuestra Transición no tendría ninguna posibilidad de éxito. Pero a nosotros nos puede pasar factura la falta de educación y de pedagogía democrática que ha existido. Muchos jóvenes no tienen ni idea de lo que fue realmente la Transición; no saben que el perdón y el olvido que se acordó entre vencedores y vencidos de la Guerra Civil y de sus secuelas no significó ningún empate: la democracia venció por goleada. Y de esa goleada democrática nació nuestra Constitución, homologable con cualquiera de las Constituciones más garantistas de derechos del mundo. Apelo a que hagamos un esfuerzo para que los sobrevenidos nostálgicos del régimen franquista, estos que han descubierto que contra Franco vivían mejor, no nos impongan sus mentiras, sus odios y sus obsesiones.

Para blindar lo común, para defender lo que nos une y para desterrar los privilegios y las prebendas, hace falta un discurso político en defensa del Estado. Es para esto para lo que creo que ha llegado la hora de que salgamos a la calle; para demostrar que somos mayoría los que queremos romper el empate a cero al que nos tiene sometidos los dos viejos partidos, el Partido Socialista y el Partido Popular, preocupados sólo por acertar con la táctica que les permita mantenerse o llegar al poder.

Hay una inmensa mayoría de ciudadanos españoles que no se sienten representados por esa especie de cara o cruz de la política española. Estoy segura de que hay millones de españoles que añoramos esa Tercera España que tan bien representaron un liberal como Marañón y un socialdemócrata como Besteiro. Por eso creo que hay que salir a la calle: para sentirnos mayoría política los que somos mayoría social; para dar la oportunidad de reencontrarse a millones de ciudadanos que son españoles sin complejos; para mandar un mensaje contundente a quienes nos quieren convencer de que nada puede cambiar, para que sientan nuestra fuerza los que quieren tapar la boca a todos aquellos a los que no pueden controlar. Y para que nadie nos rompa el corazón.

Está en nuestras manos cambiar esta realidad que nos asfixia. Sólo hace falta que la mayoría silenciosa tome la palabra; sólo es necesario que todo el que se sienta capaz de hacer algo más que deprimirse o quejarse dé un paso al frente y se disponga a sostener esta bandera, la bandera de la Tercera España, del libre albedrío, de los resistentes. Si queremos, podemos.

Rosa Díez es diputada nacional y portavoz de Unión Progreso y Democracia.

martes, 4 de mayo de 2010

Presentación








Este blog lo componen un grupo de amigos que apoyamos a UPyD, un nuevo partido, nacido para representar a los ciudadanos españoles que desean impulsar un profundo cambio político mediante la Reforma de la Constitución y de la Ley Electoral para regenerar el sistema democrático, superar el “bipartidismo imperfecto” que ahora prima a los partidos nacionalistas, y luchar por la libertad y la igualdad efectiva de los ciudadanos españoles ante la ley con independencia de sus ideas, fortuna, lugar de residencia o lengua materna.

Desde este partido se proponen políticas de progreso que mejoren la igualdad y la libertad de los ciudadanos, fines compartidos por la izquierda y la derecha democráticas. Es por eso que se oponen a políticas reaccionarias como el aumento de la desigualdad territorial, la discriminación por razones lingüísticas o identitarias, y el abandono de la cohesión nacional para satisfacer al nacionalismo y sus imitaciones regionalistas.

Es un partido nacional y concibe España como una nación de ciudadanos libres e iguales de un Estado unitario y descentralizado integrado en Europa, que propone devolver al Estado algunas competencias exclusivas (como educación, fiscalidad, justicia y otras) para que todas las comunidades autónomas sean iguales y todos los ciudadanos tengamos los mismos derechos y obligaciones, garantizados por un sistema judicial independiente y común, sin interferencias de los partidos políticos.

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