miércoles, 9 de febrero de 2011

El voto útil del blog de Rosa Díez

El voto útil


Hace ya bastante tiempo que el debate político en España, –más allá de las cuestiones económicas—gira en torno a las propuestas del Manifiesto Fundacional de Unión Progreso y Democracia. Nuestras propuestas de Regeneración Democrática, que pasan por reformas tan urgentes como las concernientes a la Ley Electoral o las Leyes por las que se eligen los órganos de la Justicia (desde el Consejo General del Poder Judicial hasta la Fiscalía General del estado o el Tribunal Constitucional), han hecho mella en la opinión pública y lo que hace apenas cuatro años era un debate para expertos hoy es una reivindicación cotidiana en cualquier lugar, desde el taxi hasta la tertulia más informal. De forma permanente se apela a la necesidad de “cambiar la Justicia”, para que esta sea independiente; se critica el protagonismo de los partidos políticos en el nombramiento de los miembros del Supremo y del Constitucional; la gente se escandaliza por la dependencia de la Fiscalía respecto del Gobierno; se critican abiertamente las cuotas de los partidos a la hora de constituir todos estos órganos…

Qué decir de la reforma de la Ley Electoral; cuando comenzamos esta andadura apenas nadie comentaba esta perversión del sistema que supone una ley que “legaliza” la desigualdad en el voto de cada uno de los ciudadanos españoles, perturbando el orden constitucional -derecho a elegir y ser elegido en igualdad de condiciones- y pervierte el sistema democrático y sus instituciones. Hoy, transcurridos apenas tres años y medio, cualquier persona, de cualquier edad y en cualquier lugar de España saca a relucir esta cuestión como uno de los mayores agravios y de las más insignes chapuzas.

Nuestras propuestas del Manifiesto Fundacional (y después de nuestro Programa Electoral y de las Resoluciones de nuestro Congreso) en relación al modelo de Estado, a la reforma de la Constitución para igualar los techos competenciales, acabar con los privilegios fiscales (léase Cupo Vasco y Amejoramiento Navarro), a la revisión de la distribución competencial y la necesaria recuperación por parte del Gobierno de La Nación de algunas tan importantes como la Educación o la Sanidad, forman hoy parte del debate público que, de una otra manera, con énfasis diferentes pero sin atreverse ya a rehuirlo, han hecho suyas todas las fuerzas políticas y sociales. Para afirmar que no se puede, que se puede a medias, que no se debe, que ya veremos o que es imprescindible abordarlo, todos han entrado en el debate cuya necesidad negaron el primer día que yo lo plantee en el Congreso de los Diputados, en el  Debate de Investidura de José Luís Rodríguez Zapatero.

Otras cuestiones importantes como la urgente  Reforma de las Cajas de Ahorro que habría de llevar incorporada su despolitización, la reducción del número de Municipios, la supresión de las Diputaciones Provinciales, o la fijación, por ley nacional, de un techo de gasto para las CCAA, fueron rechazadas en el trámite parlamentario en todas las ocasiones en que planteé el debate. El PSOE y el PP (con los nacionalistas, claro) unieron sus fuerzas no sólo para rechazar numéricamente las propuestas sino también  para negar la mayor: todo era innecesario; era una pura frivolidad por mi parte platearlo; un signo de centralismo: no me gustaban las autonomías; el sistema financiero español era el más solvente del mundo; gracias a las CCAA España es hoy más igualitaria que nunca: el desarrollo de nuestro país se debe a las Autonomías…

Qué decir de nuestra propuesta de abril del año pasado de acabar con los privilegios en los complementos de pensiones de Diputados y Senadores y ex altos cargos autonómicos (Gorka Maneiro lo planteó en marzo en el Parlamento Vasco). Reiterada hasta tres veces fue finalmente rechazada por unanimidad a finales de diciembre por las Mesas del Congreso y Senado, de las que forman parte el PSOE, el PP, CIU y PNV. Ello no fue óbice para que , unas semanas más tarde, Mariano Rajoy “proclamara” en una de sus mítines de fin de semana que el PP iba a acabar con esos privilegios. Esa afirmación que le dio titulares y primeras páginas en todos los medios de comunicación no impidió que, días más tarde, en el debate sobre las Recomendaciones del pacto de Toledo, votaran en contra (junto con el PSOE, CIU y PNV)nuestro voto particular para acabar con los ya citados privilegios.

Al día siguiente de ese debate en el que volvieron a rechazar nuestra propuesta, el Presidente del Congreso, José Bono, pidió a todos los grupos propuestas para revisar el sistema de pensiones e incompatibilidades de los Diputados. Y consiguió titulares y halagos por esa actitud tan contradictoria y falta de coherencia que debiera de llevarle –acompañado de Rajoy- al guinnes de los records.

He dado sólo algunos ejemplos de cómo durante estos tres años de vida de UPyD hemos logrado que imponer la agenda política. Con una sola diputada en las Cortes y un solo diputado en el Parlamento Vasco se ha puesto de manifiesto que a la vez que perdíamos las votaciones íbamos ganando el debate político. Y hoy nadie puede negar –aunque, naturalmente, nadie nos lo quiera reconocer— la utilidad de nuestro partido para poner en la agenda política lo que son los problemas reales de nuestro país –que no son las reformas de los estatutos de autonomía,  o los sentimientos identitarios de los ciudadanos.

La necesidad de romper tabúes, atreverse a hablar en la tribuna pública de lo que los ciudadanos hablan cuando están con sus familias, con sus amigos, en el trabajo; atreverse a plantear lo que es necesario sin calcular los réditos y sin aceptar las premisas sobre la imposibilidad de cambiar las leyes humanas es lo que  nos llevó a hacer este partido político. Si la utilidad de un voto ha de medirse por la capacidad de nuestros representantes para enfrentarse con los problemas, para encauzarlos y buscar soluciones a los mismos, yo diría que no ha habido un voto más útil que el de aquellos ciudadanos que optaron por prestarnos su confianza. En ese sentido debemos sentirnos orgullosos de haber conseguido que nuestro discurso, nuestras propuestas, nuestras exigencias de cambiar el sistema y regenerar la democracia formen hoy parte del debate público y político en España; un debate que es tan necesario como imparable.

Pero no quiero terminar sin hacer una  consideración. No me digan que este no es un país raro; nuestras propuestas son, con mucho, las más apoyadas por los ciudadanos. Queda claramente establecido en cualquier encuesta de opinión o barómetro sociológico, público o privado, que los ciudadanos españoles saben que hemos de iniciar todos estos cambios si no queremos que nuestra crisis económica y social sea aún más dramática y más larga, que se encalle y afecte de forma durísima a las próximas generaciones. O sea, la mayoría de españoles está de acuerdo con nuestro ideario político y con nuestro programa; además, también de forma reiterada, nuestra valoración está por encima de la de los dirigentes del resto de partidos políticos, incluida la del Presidente del Gobierno. Si esto es así, ¿cómo es posible que varios millones de españoles sigan diciendo que van a votar a esos partidos  que no se enfrentan a las cuestiones importantes y a cuyos dirigentes valoran más negativamente que a nosotros?

Si se sigue dando la oportunidad de dirigir nuestros destinos a los que ya lo han estropeado nosotros mismos seremos responsables de que las cosas vayan de mal en peor. ¿Será acaso cierto eso que se dice de que tenemos el Gobierno que nos merecemos? Yo –nosotros—no perdemos la esperanza de romper el maleficio. Si la mayoría de españoles tiene más confianza en nosotros que en otros; si la mayoría de españoles considera que nuestras propuestas políticas son las que España necesita para salir de la crisis y para ganar el futuro, ¿no será posible que la mayoría de españoles nos encargue que asumamos esa responsabilidad? Creo que más bien pronto que tarde así será; por nosotros no va a quedar.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Ley electoral y regeneración democrática

El régimen electoral es una pieza clave del Estado constitucional puesto que habilita la participación política de los ciudadanos, transforma sus votos en escaños y, en definitiva, hace operativo el principio democrático en las instituciones de nuestro Estado, que propugna como uno de sus valores superiores el pluralismo político.

Como hemos analizado en numerosas ocasiones, La Ley Orgánica 5/1985,  vino a consolidar un sistema electoral cuyos parámetros principales se fijaron en la todavía franquista Ley para la Reforma Política de 4 de enero de 1977,  recogidos en el Real Decreto-Ley 20/1977, de 18 de marzo, que reguló las primeras elecciones democráticas tras la dictadura franquista; en 1978 pasaron a formar parte de la Constitución española y finalmente todos ellos fueron ratificados en 1985 en la LOREG.

Conviene recordar estos antecedentes para aquilatar correctamente el origen y las pretensiones de la Ley que pretendemos cambiar. Si los objetivos del legislador de entonces eran mantener un  sistema que garantizara el bipartidismo, los del legislador del siglo XXI han de ser instaurar un sistema político que garantice la pluralidad, la igualdad de los electores ante la ley al margen de su opción ideológica y el control de los ciudadanos sobre los poderes públicos.

La ley electoral actual consagra algunas magnitudes que en nada se corresponden a la España de hoy, a la España. Así, dentro del rango entre 300 y 400 diputados que fija el artículo 68.1 de la Constitución, el artículo 162 de la LOREG opto por mantener la magnitud de los 350 diputados que ya figuraban el a Ley preconstitucional. Sin embargo, las peculiaridades de la distribución poblacional española y el crecimiento del padrón de habitantes desde 1977 han originado la segunda ratio entre diputados y electores más bajas en los países europeos.

El artículo 68.2 de la Constitución consagró también una representación mínima inicial por provincia,  de suerte que cien escaños de la Cámara, más otros dos de Ceuta y Melilla se asignan con independencia de la población,  lo que determina que el número de votos necesarios para la atribución de un escaño presente importantes desviaciones de unas circunscripciones a otras.

Finalmente, y para garantizar el principio de proporcionalidad mandatado por la Constitución, la LOREG optó por recoger, aunque sin nombrarla, la fórmula utilizada desde las primeras elecciones democráticas, conocida como regla D`Hont. Como se puede apreciar tenemos un sistema electoral diseñado en el franquisimo en el que nuestros dos principales partidos políticos se sienten como en casa. Dado que es imposible en democracia imponer el partido único, han legislado  lo más parecido, el bipartidismo. Y ambos  tan a gustito.

Nuestra propuesta de reforma –que será debatida en el Pleno de la próxima semana como enmienda de totalidad al texto que llegó de la Comisión Constitucional– recoge una buena parte de las recomendaciones del Consejo de Estado  en aras de garantizar la igualdad de electores y partidos políticos en el proceso electoral y de revalorizar la participación de los ciudadanos en la designación de sus representantes.
En relación con el primero de estos objetivos -la igualdad de los electores y partidos políticos- se ha optado por el aumento del número de diputados a cuatrocientos y la reducción de la representación mínima inicial a un diputado. Al mismo fin contribuye la sustitución de la fórmula D’Hondt por el método Hare que aporta un mayor grado de proporcionalidad al sistema.

Por lo que respecta al segundo objetivo –el refuerzo de la participación de los electores en la designación de sus representantes-, se modifica el sistema de listas de candidatos al Congreso de los Diputados, permitiendo que los votantes especifiquen el orden de preferencia de los candidatos incluidos en la lista; o sea, se implanta el sistema de listas desbloqueadas, instrumento fundamental para la regeneración democrática.

Nuestra propuesta de reforma persigue  asimismo aclarar cuestiones relativas al censo electoral, reforzando las garantías para combatir los denominados empadronamientos fraudulentos con fines electorales. Por lo que respecta al procedimiento de votación del censo de españoles residentes en el exterior,  se regula un procedimiento muy garantista que presenta la importante novedad de permitir a los españoles que viven en el extranjero depositar el voto en urna en el consulado durante los tres últimos días de campaña, sin perjuicio de mantener el voto por correo para todos aquellos que no puedan desplazarse a votar en la dependencia habilitada al efecto.

En relación con las campañas electorales, la reforma persigue, de un lado, evitar la incidencia de los poderes públicos en las mismas mediante la realización de campañas institucionales y de inauguración de obras; y de otro, reducir la publicidad y la propaganda electoral durante el periodo electoral. Se reduce el límite máximo de gastos de publicidad que pueden asumir las candidaturas en campaña electoral, y se congelan las subvenciones por voto/escaño y mailing a lo largo del año 2011. O sea, se suprime el mailing con cargo a los Presupuestos Generales del estado.

La reforma incide también en la publicidad e información electoral en los medios de comunicación, manteniendo el respeto a los principios de pluralismo político y social, así como a la igualdad, proporcionalidad y neutralidad informativa, en el conjunto de la programación de los medios de comunicación de titularidad pública durante el periodo electoral.

En suma, que nos encontramos una vez más ante un debate de extraordinaria importancia para nuestro sistema democrático cuyo resultado final está cantado antes de iniciarse. El acuerdo férreo ente el PSOE y el PP (del que los nacionalistas son meros beneficiarios) de que no cambie nada para garantizarse entre ambos la alternancia en el poder, hace imposible modificar un sistema electoral que se ha demostrado manifiestamente contrario a los principios constitucionales de igualdad ante la ley: el derecho activo de cada ciudadano de elegir a sus representantes en igualdad de condiciones y el derecho pasivo de los partidos políticos de ser elegidos también en igualdad de condiciones.

Esta reforma es clave para la regeneración democrática, para que los ciudadanos recuperen el control sobre la política, para la recuperación de principios constitucionales que no son negociables. Garantizar la igualdad jurídica y la libertad individual requiere de reformas profundas de un sistema electoral que pervierte el propio sistema democrático. Por eso, además de las reformas antes mencionadas  proponemos que las listas sean desbloqueadas para que cada ciudadano ponga una cruz al lado de cada candidato y ordene sus preferencias; reducimos los gastos en publicidad y propaganda electoral y se congelan de forma inmediata las subvenciones y   suprimimos el mailing con cargo a los Presupuestos Generales del Estado.

Unión Progreso y Democracia no va a cejar hasta conseguir estos objetivos, que no son ideológicos sino democráticos. Ni el PSOPE ni el PP quieren cambiar una ley que les garantiza perpetuarse en el poder; pero ambos dos estarán más que dispuestos a cambiarla cuando necesiten los votos de un tercero para conseguir o mantener el poder. Nuestra condición innegociable será esta. A partir de ahí, podremos hablar. Queda dicho.

ROSA DÍEZ . FUENTE: EL BLOG DE ROSA DÍEZ

http://rosadiez.net/2010/12/13/ley-electoral-y-regeneracion-democratica/

domingo, 28 de noviembre de 2010

Andalucía como Síntoma del profesor Sosa Wagner

Uno de los mejores juristas de España, catedrático de Derecho Administrativo y autor de monografías imprescindibles sobre derecho público, fue atraido por el partido de Rosa Díez y se presentó como independiente al Parlamento Europeo, consiguiendo el escaño. Ahora está ya afiliado al partido y aportando claridad e ideas. No se si os dais cuenta pero se está haciendo oposición. Ya han empezado a abrir los ojos sobre las Autonomías, el PP y los empresarios. Ahora estamos tocando las entidades locales. Pero hoy publicamos en esta página un artículo sobre nuestra tierra, hecho por don Francisco, que además fue compañero de pupitre de un amigo del partido en Fuengirola. Que pequeño es el mundo. Ojalá podamos verlo por aquí algún día.

Debemos aprovechar la ocasión que brinda la manifestación que ha tenido lugar en Andalucía de miles de funcionarios pidiendo una Administración neutral y apolítica para recordar principios básicos que parecen eclipsarse. Lo de Andalucía no es además un fenómeno aislado. Antes al contrario, a mí me llegan desde todos los rincones de España denuncias graves que ponen de relieve hasta qué punto se está desmoronando nuestra función pública.

La alegría -y la ignorancia- con la que algunos empiezan a defender el fin de la inamovilidad de los funcionarios públicos produce escalofríos. Era lo único que nos faltaba. Pero más alarma produce defenderla y luego escamotearla a través de la creación de sociedades, fundaciones, organismos y otras miasmas que convierten al personal de las Administraciones en rehén de quienes ostentan el poder político.

Ha sido muy difícil históricamente llegar a disponer de personal técnicamente cualificado. De la venta de oficios, propia del Antiguo Régimen, se pasó a un sistema de elección en los comienzos de la revolución liberal. Los empleos municipales fueron precisamente un ejemplo de ello a partir de la obra de los doceañistas. El esfuerzo de algunas mentes lúcidas, ya en el siglo XIX, fue construyendo el camino hacia la profesionalidad entre los servidores del Estado. Nombres como los de José Posada Herrera, quien se lamentaba de que el ministro tuviera que vivir aherrojado “entre el expediente y el pretendiente”, o el de Juan Bravo Murillo han de ser inscritos entre los defensores de una Administración pública edificada sobre la neutralidad de la técnica y la imparcialidad de los conocimientos. Aunque pocos logros consiguieron.

Ya en el siglo XX es Antonio Maura quien instaura prácticas tímidas destinadas a obstaculizar el recurso al “cese” fulminante cuando había un cambio político. En la inolvidable novela de Pérez Galdós “Miau” se hace un retrato demoledor de esa sociedad en la que el empleado público vivía atemorizado por los vaivenes de la política, por pequeños que estos fueran.

La II República, que algunos tanto añoran en la actualidad, apenas si se ocupó de la función pública y fueron precisamente los secretarios e interventores quienes sufrieron sucesivas y gravísimas “depuraciones” al hilo de las mudanzas que propiciaron, primero las elecciones de 1933 (con un Partido Radical ávido de cargos en pueblos y villas) y luego las de febrero de 1936 (con un Frente popular dispuesto a la revancha sin contemplaciones). En mi libro “Juristas en la Segunda República” (2009) he tratado de probar estas afirmaciones.

En la dictadura de Franco se pasa de la politización extrema (depuraciones y fusilamientos) a lo que se ha llamado el “enfriamiento tecnocrático”, esto es, un intento de despolitización y profesionalización, en parte logrado.

La democracia no ha sabido dar con su propio modelo, llenos como estaban algunos partidos políticos y no digamos los sindicatos de prejuicios hacia los funcionarios. Se abre entonces la vía -pronto generalizada- de la laboralización que permitió contratar sin pruebas públicas a miles de empleados. Tenemos un Estatuto aprobado por ley y se nos ha amenazado con 17 leyes de funcionarios, una por Comunidad autónoma. Mayor festín legal es imposible.

Pero la perversión más peligrosa viene ahora por el camino de los entes instrumentales al servicio de las Administraciones y al servicio del clientelismo descarado que se practica desde la esfera política.

La bandera a levantar es muy clara y está fijada en la Constitución: principio de mérito y capacidad. Reglados los ingresos, los ascensos, las retribuciones... Cuanto menor sea la discrecionalidad en este ámbito, mejor. Y la igualdad de los ciudadanos a la hora de acceder a un puesto público en el frontispicio.

No hay nada que inventar. Todo consiste en ser consecuente con los principios constitucionales. Algo tan simple pero, a lo que se ve, tan difícil...


Don Francisco Sosa Wagner

viernes, 5 de noviembre de 2010

UPyD abre los ojos al PP

UPyD abre los ojos al PP

David Ortega

Miembro del Consejo de Dirección de UPyD
Candidato por UPyD a la alcaldía de Madrid
Vicerector de la Universidad Rey Juan Carlos I

Publicado el 02-11-2010 en El Imparcial
http://www.elimparcial.es/nacional/upyd-abre-los-ojos-al-pp-73287.html





No hay mal que por bien no venga, y aunque haya más de plagio que de reconocimiento, el PP ha tardado más de tres años en ver lo que UPyD lleva denunciando desde que nació: que nuestro Estado de las Autonomías no se sostiene en términos financieros, amén de que hay que racionalizarlo y dotarlo de mayor eficacia y eficiencia. Bueno, realmente el PP no llega a tanto, aunque es sólo cuestión de tiempo, por el momento Rajoy habla de simplificarlo y evitar duplicidades y descoordinaciones. Algo que, curiosamente, ya denunció en marzo de 2010 también UPyD en la única publicación específica -con estudio de campo incluido- que conozco al respecto. El libro lleva por significativo título “El coste del Estado Autonómico”, elaborado por el grupo de administración pública de UPyD.

Realmente es curioso observar la evolución que ha tenido el PP en esta materia. En un primer momento Rajoy negó esta realidad y en un discurso público dado a los pocos días de que Rosa Díez presentara el libro -y el sorprendente dato de que con una gestión más eficaz y racional del Estado Autonómico, nos podríamos ahorrar todos los españoles la nada desdeñable cantidad de 26.000 millones de euros- llamó a los españoles a desconfiar de aquellas fuerzas políticas -sin mencionar a UPyD- que critican nuestro actual Estado Autonómico y hablan de su necesaria reestructuración. Algunas semanas después un periódico nacional bastante próximo al PP publica el dato de que la mayoría de los españoles quieren que el Estado Autonómico siga como está, ni que aumente su descentralización, ni que disminuya. Posteriormente, el 27 de octubre ese mismo periódico da en portada el siguiente titular: “Simplificar el Estado autonómico. Rajoy y Botín, de acuerdo”. Dedicando al tema su editorial con el siguiente subtítulo: “El problema real es la estructura administrativa, viciada de inflación de órganos, duplicación de competencias y exceso de empresas públicas”. De qué forma más curiosa se reescribe la historia. Pero tenemos antecedentes en esto del plagio político.

Esperanza Aguirre ha vendido a bombo y platillo la defensa de la autoridad del profesor en las aulas. Sin embargo, nuevamente fue UPyD quien presentó antes que nadie esta idea en forma de proposición de ley orgánica en el Congreso de los Diputados, ahí está el Diario de Sesiones del Congreso para quien quiera consultarlo. Lo malo de los plagios es que se suelen hacerse mal, pues falta la visión panorámica y en profundidad de la cuestión que se quiere solventar. Así, con el PP el profesor tiene autoridad en Madrid, pero la pierde si está en Segovia. No parece muy coherente, básicamente porque no lo es. UPyD plateó esta cuestión como lo que realmente es, un tema de Estado, de ámbito nacional y por ello lo hizo en el Congreso de los Diputados, nunca puede ser un tema geográficamente parcial o simplemente autonómico.

En fin, bienvenido sea si así UPyD logra ir marcando una pauta de sensatez y sentido común en temas de la relevancia del Estado Autonómico o de la educación, bien es verdad que en honor del Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de abril, de la Ley de Propiedad Intelectual, no estaría mal que se reconociera la verdadera autoridad intelectual de los mismos, aunque no estemos ante una obra literaria, artística o científica, tal y como señala su artículo 1.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Campaña de afiliación

En estos momentos se está haciendo desde UPyD Andalucía se está haciendo una campaña para buscar afiliados. Para el partido es importante tener afiliados porque es la única fórmula de financiación, a diferencia de los grandes partidos. De esta forma el partido podemos presumir de independencia. La cuota son 20 euros al mes y 7 para jubilados, parados y jóvenes. No obstante se entiende que hay personas que en estos momentos no pueden pagar esta cantidad y existe la figura del simpatizante. En todo caso, en Fuengirola también tenemos al amigo o simplemente a la persona que quiere dar su libre opinión, sugerir algún tema a debatir desde estas páginas o publicar o denunciar algún hecho.

Pueden mandarnos un email a:

fuengirolaenrosa@gmail.com